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Pastillas electrónicas con sensores ¿útiles en psiquiatría?

Como desde hace años se viene anunciando, los sensores y el bigdata están irrumpiendo en la medicina. Serán sin duda uno de los cambios más importantes en la forma de tratar las enfermedades que se produzca en los próximos años.

En esta línea se acaba de aprobar en Estados Unidos un medicamento antipsicótico que incorpora en la pastilla un sensor electrónico, se llama Abilify Mycite.  Así, el médico puede comprobar si el paciente se toma o no la medicación.

El fármaco es un viejo conocido, aripiprazol (marca comercial Abilify) del cual no debería esperarse nada distinto a sus anteriores formas de administración (comprimidos convencionales e inyección en depósito).

Esta pastilla “electrónica” manda una señal cada cada vez que llega al estómago, lo cual detecta por las características del medio (pH, temperatura…). La señal que es recogida por un parche electrónico que lleva el paciente, el cual la reenvía la información al teléfono móvil y éste al médico, quedando registrado si el paciente ha tomado la medicación y a qué hora.

Un importante porcentaje de los pacientes no se toma la medicación como le indica su médico. Esto no ocurre sólo en las enfermedades psiquiátricas, sino en todos los tipos de enfermedades. Es por eso que se intentan encontrar formas de mejorar la adherencia a la medicación.

La pregunta es si este tipo de control va a suponer una mejora en la calidad de vida de las personas que tienen enfermedades mentales. En este caso, el aripiprazol se usa en el tratamiento del trastorno bipolar, el trastorno esquizoafectivo y la esquizofrenia.

Ya a finales de los años 90 se probó un sistema similar, en el que un bote de pastillas “inteligente” contaba las veces que se abría y cerraba para saber si el paciente tomaba la medicación o no”, se le llamó Medication Event Monitoring System.

Como era de esperar los enfermos eran más inteligentes que el bote (y que las personas que lo diseñaron) con lo que, si querían engañarlo, simplemente lo abrían y lo cerraban para simular la toma de medicación. Fue un fracaso.

Estoy seguro de que los pacientes, al menos los que yo conozco, van a ser de nuevo bastante más inteligentes que los diseñadores de estas nuevas pastillas electrónicas y encontrarán rápidamente la manera de engañar al sistema (a mí ya se me ocurren un par de artimañas bastante simples).

En mi opinión este tipo de métodos casi policiales no son los que van a ayudar a la gente a mejorar su calidad de vida. Aunque de verdad sirvieran para obligar a las personas a que se tomen la medicación (algo que dudo) habría que preguntarse si esa es la mejor forma de ayudar. El tratamiento de estas enfermedades va mucho más allá de tomarse la pastilla: entender la enfermedad, conocer sus síntomas y sus consecuencias puede ser mucho más útil que el control férreo del tratamiento farmacológico.

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