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Se reduce la carga burocrática que dificultaba el uso de clozapina

La clozapina es el único fármaco para la esquizofrenia que ha demostrado su superioridad frente al resto de tratamientos. Aunque se comercializó por primera vez en 1962, su uso se ha visto muy restringido por factores que algunos médicos tachan de económicos o políticos.

Es un medicamento que mejora los síntomas psicóticos más que el resto de tratamientos, actúa sobre síntomas resistentes y disminuye la tasa de suicidios de tres a seis veces sobre otras opciones. Su perfil de efectos secundarios también es diferente, al no producir efectos extrapiramidales. No obstante, como todos los antipsicóticos, puede en casos raros producir agranulocitosis, un efectos secundario que pueden ser grave. Por lo tanto debería considerarse como una opción de primer rango en el tratamiento de las psicosis. Pero no es lo que sucede. De hecho, su uso es anecdótico. Por ejemplo, en EEUU se cree que sólo el 5% de las personas con criterios para su uso lo recibe ¿Cómo puede ocurrir esto?

Barreras a su uso poco claras

Tras su comercialización por Bayer, el uso de clozapina creció rápidamente, aplastando a sus competidores en el jugoso mercado de los antipsicóticos. Pero, tras una serie de estudios en países nórdicos, este efecto secundario , la agranulocitosis, se argumentó como razón para retirarlo del mercado. Las protestas posteriores y estudios más detallados obligaron a ponerlo de nuevo en el mercado, pero con una serie de controles y medidas disuasorias que hacían su uso muy dificultoso.

Entre ellas, la obligación de realizar analíticas de sangre semanales y una inmensa burocracia para su dispensación (correos múltiples a las sociedades de farmacia con copias de las analíticas, carnets de uso, visados…) que no se han visto en ningún otro tipo de fármaco.

Hay quien opina que si Bayer hubiera sido una empresa farmacéutica estadounidense y no europea, este tipo de presiones no se hubieran producido. Sin querer entrar en polémicas estériles, lo cierto es que miles de personas en el mundo no han podido beneficiarse de la mejor opción para el tratamiento de la que se dispone hoy en día por razones poco claras.

Avances en la accesibilidad

La buena noticia es que, desde hace unos días, en España ya no es obligatorio para el envío periódico por correo postal de copias a mano de las analíticas de los pacientes en tratamiento con clozapina. Tampoco es ya obligatorio rellenar el carnet de prescripción ni que el paciente tenga que presentarlo en las farmacias. Aunque la Agencia Española del Medicamente sigue indicando que las analíticas de control deben realizarse, al menos se mejora la accesibilidad.

Es un paso hacia delante pero todavía queda mucho camino por hacer. Como afirma al respecto el Dr. Lieberman, “Todo el tema de estas barreras a la utilización es vergonzoso y embarazoso para el campo de la salud mental y la profesión psiquiátrica”.

 

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