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La psiquiatría y la esperanza

Philippe Pinel

La psiquiatría hunde sus raíces en la esperanza en el ser humano. Philippe Pinel, el primer médico al que puede llamarse psiquiatra, luchó por liberar a los enfermos mentales que hasta entonces vivían encadenados. Restringió  tratamientos y curas brutales. Al principio nadie le daba permiso para hacerlo, la gente pensaba que era un iluso luchando contra algo imposible. Finalmente alguien se lo permitió y así comenzó la psiquiatría, con la esperanza de Pinel en sus enfermos.

La esperanza continuó, a pesar de que las terapias y los tratamientos no acompañaban en los resultados. Desde los tiempos de Pina durante la revolución francesa y hasta bien avanzado el siglo XX, la psiquiatría sólo pudo clasificar, describir e intentar entender aquello que antes se llamaba locura. Locura llamamos a lo que no tiene sentido, lo ilógico e ininteligible. El trabajo de los psiquiatras fue intentar convertir la locura en algo sistemático y estructurado. Este trabajo llevó varios siglos y dio lugar a la actual psicopatología.

Se requirieron grandes dosis de esperanza para continuar estudiando el campo de batalla sin armas con las que ir a la guerra. Durante esos siglos los enfermos comenzaron a ser diagnosticados, miles de teorías fueron probadas y refutadas, pero los enfermos graves seguían viviendo encerrados en cárceles y manicomios.

La llegada de la psicofarmacología

La casualidad quiso que los farmacéuticos de entonces sintetizaran  la clorpromazina. Nadie esperaba que un fármaco, algo físico,  pudiera ayudar a curar una “enfermedad de alma”, parecía ilógico. Pero los hechos estaban allí. Curaba. Y en 1952 comenzó a usarse como tratamiento.

Supuso una completa renovación de la esperanza, desde el tenue rescoldo que todavía persisitía desde los tiempos de  Pinel. Con la aparición de la psicofarmacología comenzaron a diseñarse innumerables fármacos para intentar ayudar a los afectados por una enfermedad mental. Pero el cambio más importante había ocurrido en la mente de la gente: había tratamiento para estas enfermedades.

Tras casi un siglo de aquellos eventos, y a pesar de los avances, hay quien va perdiendo la ilusión. Pero si comparamos las vidas que llevan hoy las personas afectadas por una depresión o por la psicosis con las vidas que les tocaron vivir a aquellos que con estas mismas enfermedades tuvieron la mala suerte de nacer un siglo antes, la esperanza debería ser más fuerte que nunca. Sin embargo la psiquiatría sigue rodeada por ese pesimismo antiguo y sin base, que se ha fijado como una leyenda.

La esperanza de la neurociencia

La neurociencia emerge desde hace unas décadas como una nueva fuente de optimismo. Miles de científicos (esperanzados, como no podía ser de otra manera) estudian el cerebro y sus alteraciones. Su misión es comprender el cerebro y las enfermedades que lo afectan. Nos puede parecer algo inalcanzable, pero la velocidad de avance de sus investigaciones es exponencial. Ocurrirá antes de que nos demos cuenta.

La psiquiatría y la neurociencia (me atrevería a decir que toda la medicina) usa como combustible la esperanza. No crean a los pesimistas, a aquellos que dicen que no hay solución. Crean en las personas, en los enfermos, crean en que todo va a ir finalmente bien. Porque sin esperanza seguiríamos haciendo lo que se hacía antes, seguiríamos encerrándo a la gente, dándolos por perdidos para siempre. La realidad contradice el pesimismo, los tratamientos funcionan, las personas se curan. Y cada vez más.

1 Comment

  1. Pilar el 23/03/2017 a las 17:53

    La verdad es que nunca me hubiera planteado la esperanza en términos científicos pero tal y como lo planteas es y sigue siendo todo un reto. Para mi la enfermedad mental no es una cuestión de Esperanza más ligada a las creencias, una cuestión de fe. La enfermedad es responsabilidad de la ciencia y en sus manos estamos eso sí, con mucho optimismo. Soy de esas personas que hace un siglo hubiese estado encerrada de por vida, pero hoy afortunadamente y gracias a la neurociencia y a la psicomedicina llevo una vida normal…aunque cómo podemos definir la normalidad? Otro interesante debate.

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