Ocho consejos para elegir a tu médico

Elegir bien a tu médico es una tarea complicada y si buscas a un profesional para que te ayude con un problema grave o que previsiblemente te va a acompañar en tu vida durante mucho tiempo, el tener a un médico en el que confíes todavía es más importante.

Aunque en nuestro país tenemos un prestigioso sistema de formación médica y unos controles de la administración rigurosos que garantizan una calidad mínima en lal atención sanitaria, la verdad es que no creo que nadie se quiera conformar en algo tan importante como es la salud con un “mínimo de calidad”. Seguramente querremos encontrar a alguien por encima de la media. ¿Pero eso cómo se hace?

Las diferencias, como en todos los campos, existen: hay médicos excelentes, médicos buenos y otros no tan buenos. Y aunque todos podemos equivocarnos, siempre hay quién lo hace mejor y quién lo hace peor. Decir esto puede parecer una obviedad, pero conozco a gente que tiene una confianza ciega en cualquiera que tenga la licenciatura de médico colgada en el despacho.

Por todo esto me he aventurado a escribir unas recomendaciones básicas a la hora de elegir a un médico. Las había empezado a redactar para elegir a un psiquiatra, pero me he dado cuenta de que sirven para cualquier especialidad. Son las siguientes:

1. La primera norma es muy sencilla: si no te resuelve el problema considera cambiar de médico. Imagina que llamas al fontanero para arreglar un grifo que gotea, pero cuando se va de casa el grifo sigue goteando. ¿Lo volverías a llamar o preguntarías a otro fontanero?. Por supuesto, la salud no es tan sencilla como un grifo, pero si llevas mucho tiempo con tu médico y no hay mejoría, el pedir una segunda opinión nunca está de más. Puedes y debes comentárselo a tu médico, es algo normal y lógico. Lo que hay que saber es cuánto tiempo se debe esperar hasta plantear el cambio. Eso depende de el tipo de problema en el que te estén ayudando. Al comenzar un tratamiento se debería preguntar al médico por el pronóstico, es decir: qué es lo esperable en tu caso concreto. Tu médico debe darte una estimación de por dónde pueden ir las cosas, cuáles son los problemas que pueden producirse y un tiempo estimado para la solución. Si ves que lo que te explica tu médico es muy distinto de lo que ocurre, quizás deberías pensar en preguntar a otra persona.

2. No cambiar de médico constantemente. Esta regla complementa a la anterior. Se debe cambiar de médico si las cosas no van bien, pero cambiar constantemente de médico hace que sea imposible que nadie se entere bien de lo que te pasa. Debes darle tiempo a tu médico para que conozca tu caso, te conozca a ti y cómo reaccionas ante los tratamientos. Si ante la primera dificultad cambias de médico, va a ser difícil que puedan ayudarte.

3. No estar con varios médicos de la misma especialidad a la vez. Ya lo dice el refrán: Un médico cura, dos dudan, tres muerte segura. La medicina no es una ciencia exacta, hay distintas formas de hacer las cosas bien y distintos caminos para llegar al objetivo. Pero si tienes dos médicos guiándote cada uno va a tirar de un lado y el tratamiento no va a ser el correcto. Es algo totalmente desaconsejable.

4. Tener en cuenta dónde trabaja. La atención sanitaria cada vez es menos una actividad individual. Los equipos de trabajo son mejores que las personas aisladas. Un médico que cuenta con el respaldo de su hospital o de su equipo puede consultar las dudas que tenga con ellos, pedirles ayuda con un caso complicado y tener acceso a más medios para ayudarte. No te fijes sólo en la persona sino en los medios personales y materiales que puede poner a tu disposición. Es importante la filosofía de la institución en la que trabaja: puede estar en una empresa que restrinja los medicamentos debido a su precio o que evite hacer pruebas diagnósticas para ahorrar dinero. O puede ser un centro tan caótico que parte del buen trabajo de tu médico se pierda por problemas administrativos. Para mí es importante que el centro en el que trabaje un médico tenga los mínimos condicionantes económicos posibles: la sanidad pública, las entidades sin ánimo de lucro y la sanidad privada 100% en la que el paciente corre con todos los gastos deberían ser las opciones más seguras en este aspecto, aunque no siempre termina siendo así. Por otra parte si la visión de la institución en la que trabaja tu médico es hacer negocio con la salud, ten en cuenta que es posible que busquen antes el beneficio empresarial que tu salud. Y hay veces que hay que elegir.

5. No fiarse de recomendaciones puntuales. Si te dicen “a mí me fue muy bien con el Dr. X” no debería ser un motivo importante para elegirle. ¿Por qué?. Porque los resultados en salud dependen de muchísimos factores. Extrapolar los resultados de un caso, para bien o para mal, y hacer responsable de esto al médico, no es muy lógico. Si los médicos publicásemos nuestros resultados anualmente en un boletín, si las estadísticas de nuestros aciertos y errores fueran públicas, sería otro cantar. Pero un sólo caso no tiene que hacerte decidir ni a favor ni en contra. Eso no quiere decir que no puedan recomendarte un médico, pero no debe ser porque les ha ido bien o mal. Mucho más importante es saber si ese médico es respetuoso, atento con sus pacientes o actualiza sus conocimientos. Esos datos si pueden ayudarte a la hora de elegir.

6. Formación científica y honestidad. Cuando una va al médico, lo hace porque tiene un conocimiento probado. Debes elegir un médico que no te cuente cuentos chinos. Sus tratamientos deben estar basados en evidencias, en estudios serios. Puedes preguntarle, es más, creo que se debe preguntar. ¿Por qué eliges este tratamiento? ¿Está probado que funciona? ¿En qué porcentaje produce efectos secundarios?. Los médicos no estamos muy acostumbrados a responder a este tipo de preguntas, pero eso no significa que no deban hacerse y por supuesto, debemos ser capaces de responderlas. No te fíes de personas que te recomienden tratamientos “raros” que no estén aprobados en nuestro país o que te suenen a “magia”. No existen curas milagrosas. Si algo funciona, la industria sanitaria lo usa sin dudarlo y además saca grandes beneficios económicos por ello. No te fíes por lo tanto de quien tenga tratamientos secretos o especiales.

7. Huye de las consultas de 5 minutos. Porque en cinco minutos hasta los mejores médicos son malos médicos. Cada especialidad necesita tiempos distintos y no es lo mismo el tiempo que necesitas con un paciente al que ya conoces que el que necesitas con un paciente el primer día que viene a la consulta. En mi especialidad yo creo que en menos de 20 minutos no se puede hacer una buena medicina, eso cuando conoces al paciente sobradamente… Porque para empezar a entender lo que le pasa a una persona a la que no conoces, se necesitan 60 minutos.
8. ¿Se interesa por tí? Esto es más difícil de explicar, pero quizás lo más importante. Debes tener la sensación de que tu médico realmente se interesa por tu caso, de que no eres un número más en su consulta. Obviamente tu médico tendrá otros pacientes y no puede dormirse todas las noche pensando en tu enfermedad, porque entonces no podría ser médico. Pero tu problema debe preocuparle de verdad. En realidad no debe importarle tu problema solamente. Más allá de tus síntomas: la fiebre, la depresión o el dolor, le debes importar tú como persona. ¿Y cómo se sabe eso?. Se sabe. Seguro que lo notas. Y si no lo estás notando, cambia de médico.

Del blog de www.urgeles.com

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